lunes, 19 de diciembre de 2011

Origen

Comenzamos nuestro camino con un personaje. No es realmente un protagonista, porque como ya advertí no hay una historia real que contar, pero nos servirá como hilo conductor (un sucio truco de escritores), de modo que allá vamos.
Su ropa era oscura como la noche, como una capa de tinieblas, lo cual le permitía moverse como una Sombra a pesar de que por lo que sabía, bien podía ser el único que no se había convertido (al menos completamente) en uno de estos seres en los cuales profundizaremos más adelante. 
Se mueve, pues como una Sombra oscura por los callejones de una ciudad aparentemente desierta y de arquitectura absurda que además no recuerda, aunque tiene el vago sentimiento de haber pasado toda su vida allí. No da demasiada importancia a esta sensación, pero recuerda con nostalgia la vida antes de que levantara el Velo, esa sensación de vacío que sentía al despertar, pero que poco a poco iba llenando según avanzaba el día, desde la primera taza de café que tomaba por la mañana, hasta la copa de licor acompañada del aroma cannabico que el humo de su pipa exhalaba en las noches, su alma era llenada, mimada y tranquilizada por los narcóticos legales, que sin embargo a él no parecían apaciguar tanto como al resto de sus amigos y conocidos. Ah sí, a penas recordaba sus caras, pero él había tenido compañeros, recordaba algo similar a un trabajo, pero ya no tenía la más remota idea de en qué podía consistir. También guardaba recuerdos de algo más, no una imagen clara, solo sensaciones, sensaciones de paz y bienestar, de una luz tan bella... pero era peligroso profundizar en los recuerdos de aquella época. Ellos lo sabrían, y todo el mundo sabía que era imposible enfrentarse a Ellos.
Cómo lamentaba haber cruzado el Velo, dejándose llevar por la curiosidad, tratando de poner remedio a esa sensación de vacío, porque lo que había sido una vida vacía ahora no era más que una vida rota, sin sentido. El conocimiento había sacudido su alma brutalmente, transportándolo a aquel mundo oscuro y silencioso, salvo por aquel lento pero continuo tic-tac.
Cuánto tiempo vagó, escuchando ese sonido de engranajes en su cabeza, no conociendo su origen y creyendo volverse loco... Pero por fin había identificado su procedencia y ahora se encaminaba hacia su origen, adentrándose cada vez más en la máquina que era aquella gran urbe.
En su mente, un único objetivo claro; en su corazón, la fría paz del odio.

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