martes, 20 de diciembre de 2011

La Máquina

Llegados a este punto nos encontramos con muchos interrogantes y demasiada poca información. Tenemos un personaje sin nombre con una misión no muy clara (si es que se trata de una misión) adentrándose en la ciudad de las Sombras (sean lo que sean) con el objetivo de llegar a  una “Máquina”. ¿Qué es la Máquina? Al tratarse de un concepto del discordianismo esta no es una respuesta fácil, pero intentaremos hacer este concepto más accesible.

La Máquina... La Máquina total, un conjunto de engranajes perfectos que es a la vez causa y consecuencia de la vida.
La Máquina toma tu mano, la Máquina te guía, te permite vivir, lo hace posible, es tu organismo artificial. Su lema: no te molestes, podemos hacerlo por ti.
Nosotros la sociedad, somos el pueblo elegido, nosotros la nutrimos creando arquetipos, ya sean “héroes” o “villanos” que representan pautas más o menos eficaces en el conjunto del sistema. La Máquina los asimila y los convierte en modelos a seguir o a despreciar.
Se trata de un cosmos, un sistema creado por un dios ciego, que ciegamente nos hace creer que nos guía hacia un destino común, y tú lo consientes, aceptando lo que te dan porque necesitas convencerte de que la vida es eso: comer, cagar, follar. Tu objetivo es muy simple, procrear y morir por algún fin que se considere alto.
¿Qué entiendes por fin alto? ¿Poder? ¿Ambición? No importa, la Máquina es quien te propone estas elecciones, estos acertijos vitales, para que al resolverlos creas haber encontrado la respuesta a algo, creyéndote mas sabio y fuerte que al principio, cuando realmente has dado respuesta a un problema del cual conocías su solución.
Es la misma Máquina la que te protege, te viste, te alimenta, te proporciona ocio, te da seguridad. El propio sistema propicia que existan los delincuentes, gente dispuesta a robarte, patrones asimilados como perjudiciales. Pero la policía coge a los malos, ¿no?. Ahora estás a salvo.
“Podemos hacerlo por ti”
Se la conoce por muchos nombres: la Máquina, la Enfermera, el Sistema, la Gran Puta.
Tienes a tu disposición finales felices cuándo y dónde quieras y por supuesto, libertad.
¿Por qué si existe la libertad dependemos tanto de ella? Porque se trata de una simple ilusión creada por una terrible arma de doble filo, la “libertad de expresión”: todo el mundo habla, nadie dice nada.
Pero puedes votar y hasta es gratis soñar...
El Sistema como buen organismo se defiende bien, devolviendo con igual fuerza todo lo que te lanza.
¿Pensaste en refugiarte de él? ¿En qué, en dogmas y doctrinas? No son más que engranajes suyos, sus reglas, diseñadas para convertirte en un autómata.
¿Y la revolución? Cualquier revolución efectuada desde sus entrañas es inútil. El verdadero enfrentamiento está dentro de lo que creemos ser, lo que somos realmente y lo que los demás creen que somos. Diferentes aspectos de nuestra alma en continua lucha, que se odian a muerte y que hacen este camino inviable.
Mito y poesía, egrégores víricos, eso sí son armas, la leyenda urbana que salta de engranaje en engranaje sin poder ser detenida.
Nuestra función ha sido revelada hace mucho, aunque poca gente parece haberse dado cuenta: somos el órgano sexual de la Máquina, por nosotros se reproduce, por nosotros existe.
Creemos dominarla pero nada más lejos de la realidad, aunque parezca lo contrario, la Máquina no está ahí para servirnos, está ahí porque es su razón de ser.
Cuando apareció su primer engranaje, apareció para quedarse.
Entonces, ¿cómo la enfrentas? ¿la ignoras? Ella se encargará de convertirte en esclavo.
Pero se trata de buscar un camino para enfrentarla, para que nos valore algo más que a semen derramado, de hacerla más humana.
No os engañéis, aún no estamos cerca de llegar a la solución, y dudo mucho que lleguemos. Lo diré ahora y lo repetiré muchas veces: esto no es una historia de amor y final feliz.
Nos alejaron del borde, por nuestro propio bien. Taparon nuestros oídos, por nuestro propio bien. Nos quitaron las drogas y cerraron nuestros ojos, por nuestro propio bien. Pero la verdad es esta: Nadie puede derrocar este sistema. Nadie conoce todos sus sistemas y engranajes. Nadie puede tocar a la maquina. El camino entonces, como Ulises cuando se enfrento a Polifemo, quizás sea ser Nadie.

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